Alguna vez alguien me preguntó: ¿cuál es el sonido que se ha quedado grabado en tu memoria y te produce una sensación de bienestar?
Después de rebuscar un rato en mi archivo de sonidos, encontré uno inolvidable de mi infancia, allá en Málaga – Santander, en la finca de la Nona María: el viento pasando por el cultivo de maíz, descendiendo luego a la huerta y al árbol de naranja, y llegando lentamente hasta la meseta donde yo me encontraba, debajo de un árbol, descansando y recibiendo el sol. Hoy, después de años de estudios, trabajo, viajes y vida… descubro que mis recuerdos más entrañables —guardados en ese cajón de sonidos— corresponden a distintos momentos de contacto con la naturaleza.
El sonido del agua pasando entre las rocas de una quebrada o de un río me trae tranquilidad y permite que los pensamientos fluyan. Las escorrentías que bajan por los escarpes o por las rocas próximas a los páramos me recuerdan que no existen aportes pequeños: cada gota cuenta. El imponente sonido del mar, atravesando el trayecto de Turbo a Capurganá, me conecta con el inexplorado mundo marino y con la potencia de sus olas, especialmente en estos tiempos en que el deshielo y el cambio climático nos llaman la atención con mayor urgencia.
También están allí los cantos, llamados y alertas de la avifauna que se dejan escuchar en las jornadas de avistamiento. Cada vez que identifico alguno, me obligo a permanecer en el presente. Despertar o acostarse con la sinfonía de las aves solo puede dejar la mente en un estado de profunda relajación, propicio para un descanso reparador.
Y aunque los árboles, arbustos, flores y demás formas del verde no emitan sonidos audibles para nosotros, está demostrado que también vibran en distintas tonalidades. En Pereira y en La Calera he conocido experiencias donde han registrado la vibración de árboles, raíces y hojas, creando espacios con frecuencias que invitan al descanso y la serenidad. Los estudiosos del mundo Fungi aseguran que este reino promueve la comunicación a través de las raíces. Y me gusta imaginar que también siguen las instrucciones de la directora de la orquesta: la Madre Tierra.
La invitación de hoy es a nutrir tu propia biblioteca de sonidos naturales, para acudir a ella cuando necesites un poco de paz en tu mente y en tu corazón.
Y si los instrumentos creados por el ser humano te conmueven o te hacen vibrar, quizá sea porque evocan —de alguna manera— aquello que la tierra, el agua y el verde siempre han querido susurrarte.
¿qué sonido de la naturaleza habita en tu biblioteca mental y ha marcado tu vida? Tal vez, al evocarlo, encuentres nuevamente el camino hacia tu propia vibración interior.