En una época en la que solemos medir el éxito por resultados inmediatos, pocas veces nos detenemos a valorar el poder de los procesos construidos con paciencia, constancia y convicción.
La historia del Global Big Day en Cundinamarca es una muestra de ello.
Mi acercamiento al aviturismo comenzó en 2019 mientras trabajaba para una reserva natural de la sociedad civil. En aquel momento, junto con otros actores del territorio, identificamos que la riqueza de aves presente en nuestros diferentes gradientes altitudinales representaba una gran oportunidad para fortalecer el turismo de naturaleza. Lo que inició como una capacitación solicitada a la autoridad ambiental para aprender sobre aviturismo terminó convirtiéndose en un camino de largo aliento hacia la conservación y la apropiación del patrimonio natural.
En 2020, cuando la Gobernación de Cundinamarca abrió la convocatoria para seleccionar los municipios sede del primer festival de aves del departamento, muchos territorios participamos con entusiasmo. Aunque solamente algunos fueron elegidos, quienes quedamos por fuera decidimos apoyar el proceso. Fue entonces cuando empezó a consolidarse una red de personas unidas por un interés común: promover el conocimiento y la conservación de las aves de Cundinamarca.
Lo que siguió durante los años posteriores fue, principalmente, trabajo voluntario. Horas de reuniones virtuales, organización de jornadas, acompañamiento a nuevos observadores, apoyo técnico para el uso de plataformas como eBird y Merlin, construcción de alianzas, diseño de estrategias de comunicación y, sobre todo, el deseo permanente de compartir con otros la pasión por las aves y sus ecosistemas.
Con el tiempo, aquel grupo informal fue madurando. En 2023 nació oficialmente el ORGANISMO CENTRAL GBD CUNDINAMARCA, una estructura de coordinación completamente voluntaria que permitió organizar mejor los esfuerzos, distribuir responsabilidades y fortalecer el alcance de las actividades.
Pronto entendimos que el éxito de una jornada de observación no dependía únicamente de salir al campo. Era necesario formar personas, sensibilizar comunidades y acercar el aviturismo a los emprendimientos locales. Por ello, durante varios años promovimos espacios de capacitación sobre identificación de aves, uso de herramientas tecnológicas, buenas prácticas para el aviturismo y criterios de registro científico.
Más allá de enseñar a observar aves, estábamos sembrando una cultura de conservación.
Esa semilla comenzó a dar frutos. Cada vez más municipios se sumaban a las jornadas, más observadores participaban y más emprendimientos turísticos encontraban en las aves una oportunidad para diversificar su oferta y valorar la riqueza natural de sus territorios. Los resultados empezaron a reflejarse también en las estadísticas. En 2024, Cundinamarca alcanzó el tercer lugar nacional en número de especies registradas y listas reportadas. En 2025 se incrementó significativamente la participación ciudadana gracias al trabajo conjunto entre voluntarios, organizaciones y entidades públicas.
Pero quizás el mayor logro no estaba en los rankings. El verdadero resultado era ver cómo personas que nunca habían observado aves comenzaban a interesarse por ellas; cómo nuevos emprendimientos incorporaban el aviturismo en sus experiencias; cómo niños, jóvenes y adultos descubrían la biodiversidad de su territorio y entendían que conservar las aves implica también proteger los ecosistemas que les dan vida.
En 2026, pese a las limitaciones derivadas de la Ley de Garantías y a una menor disponibilidad de apoyos institucionales, el trabajo voluntario demostró nuevamente su capacidad de movilización.
La jornada GBD logró reunir esfuerzos en 53 municipios de 15 provincias del departamento, con la participación de 97 voluntarios y 117 rutas inscritas. Los registros obtenidos representaron un incremento del 25 % en el número de listas y del 11 % en el número de aves registradas frente al año anterior. Sin embargo, las cifras solo cuentan una parte de la historia.
Detrás de cada lista registrada existe una persona que decidió madrugar para recorrer un sendero. Detrás de cada fotografía o grabación de audio hay alguien que dedicó tiempo a aprender y compartir conocimiento. Detrás de cada municipio participante hay líderes locales que creen en la conservación como una herramienta de desarrollo para sus comunidades.
Siete años después de aquellos primeros encuentros, queda claro que los procesos construidos desde el voluntariado sí generan transformaciones reales. Tal vez los resultados no son inmediatos ni siempre visibles, pero cuando se trabaja con propósito, las semillas terminan germinando.
Hoy el Global Big Day es mucho más que una jornada mundial de observación de aves. En Cundinamarca se ha convertido en un espacio de encuentro, aprendizaje y construcción colectiva alrededor de la biodiversidad. Una demostración de que la conservación no depende únicamente de las instituciones o de los expertos, sino también de ciudadanos comprometidos que, desde diferentes lugares y con diferentes conocimientos, deciden aportar su tiempo y energía para cuidar aquello que nos pertenece a todos.
Porque conservar también es participar. Y participar, muchas veces, es un acto de voluntariado.