Stella Castellanos – Administradora de Empresas  TP 50133 – Guía de turismo RNT 143519

Según la Organización Mundial del Turismo (OMT/UN Tourism), el turismo es un fenómeno social, cultural y económico que implica el desplazamiento de personas fuera de su entorno habitual por motivos personales o profesionales. Desde esta perspectiva, el turismo es también uno de los escenarios más cotidianos de interculturalidad.

Durante 16 años trabajé en sitios remotos del país en operaciones asociadas al sector minero-energético, bajo esquemas conocidos como servicios on site. Esta experiencia me permitió conocer un país profundo y diverso: municipios rodeados de bosques, senderos, cascadas y grandes ríos; territorios muchas veces alejados de los centros urbanos y, en algunos casos, marcados por dificultades sociales, pero siempre sostenidos por comunidades orgullosas de su identidad y profundamente arraigadas a su tierra.

En cada uno de estos lugares encontré un rasgo común: la hospitalidad. Siempre había alguien dispuesto a mostrar los sitios más representativos del municipio, aquellos que forman parte de la memoria colectiva como montañas sagradas, petroglifos, grandes rocas o senderos que marcaron la infancia de quienes crecieron allí. Estos recorridos improvisados con compañeros locales se convirtieron en verdaderas lecciones de territorio. Con el tiempo, entendí que conocer estos contextos culturales era fundamental para el ejercicio profesional. Comprender las dinámicas sociales de cada comunidad permitió que mi gestión en los proyectos tuviera un componente de empatía y respeto por las realidades locales. Durante el tiempo que permanecía en cada lugar, pasaba a formar parte —aunque fuera temporalmente— de otra familia y de otra forma de ver el mundo.

Van nueve años desde que decidí orientar mi carrera hacia el sector turístico, trabajando en sostenibilidad, desarrollo de producto turístico y turismo de bienestar en entornos naturales. En este campo existen normas y estándares que regulan servicios como el alojamiento, la alimentación o la guianza. Sin embargo, lo que realmente diferencia a cada destino es su gente y cultura, allí es donde la interculturalidad se vuelve tangible.

Más allá de los indicadores de calidad, el turismo busca generar experiencias significativas que conecten al visitante con la esencia de los territorios. Los recuerdos más valiosos de un viaje no suelen ser únicamente los paisajes, sino las historias, los saberes y las formas de vida compartidas durante el recorrido. La gastronomía es un ejemplo de esta diversidad cultural. En Colombia, un plato puede tener múltiples interpretaciones según la región, por ejemplo, el sancocho, que aparece en distintas versiones: el valluno, el trifásico en la costa Caribe o el tradicional sancocho de gallina. Y qué decir de la arepa: paisa, boyacense, santandereana, de choclo, rellena, entre otras. Cada preparación refleja una historia, tradición e identidad territorial.

 La cocina, artesanías, fiestas, música y formas de habitar el paisaje hacen parte de la cadena de valor del turismo, pero también representan expresiones vivas de la diversidad cultural del país. Cuando viajamos, no solo consumimos servicios turísticos: también aprendemos, compartimos y reconocemos la riqueza cultural de otros territorios.

A través del turismo descubrimos pueblos patrimonio, festivales, ferias y manifestaciones culturales que fortalecen las economías locales y valorizan los saberes transmitidos de generación en generación. Viajar por el país también es una forma de construir identidad y de reconocer la diversidad que nos define como nación.

En un país tan diverso como Colombia, el turismo puede convertirse en un puente entre culturas. Viajar nos permite salir de nuestra rutina, caminar nuevos caminos, probar otros sabores y abrir la mente a diferentes formas de comprender el mundo. Tal vez por eso, cada vez que recorremos el país, descubrimos que conocer otras culturas también es una forma de encontrarnos con nosotros mismos.

 

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